MI FE ES UN PTG
Podría decir que siempre he sido alguien que ha estado en el camino de Jesús, pero, pues dentro de esa idea y dándole un primer personaje a la verdad también debo reconocer que existieron momentos en los que he deje de caminar, no alejándome sino más bien estacionándome sin muchas ganas de seguir pero siempre con una sensación dentro que me decía que debía dar más pasos sin parar. Ese algo cada vez se volvió más fuerte y fue así que hace un tiempo decidí ya sin peros caminar con él y para él; sin embargo, he de ser honesto con todos y decir que esto nunca ha significado la promesa de una vida sin dolor, ni la eliminación por arte de magia de mis defectos, o mis luchas internas, mentales y emocionales como esa idea loca que veo surgir en la mayoría de personas a mi alrededor que consideran que aquellos que decidimos vivir en fe no tenemos derecho de manifestar dolores, inconformidades, dudas, problemas y muchos menos en equivocarnos porque por alguna razón creen que podemos ser juzgados más fácil que cualquiera para así de cierta manera saciar la necesidad de confrontación a lo que no desean aceptar y de increpar nuestra creencia.
Mi experiencia me ha enseñado una verdad más profunda y poderosa, una verdad que habla de que la fe no elimina el sufrimiento, sino que más bien nos sostiene en medio de él y nos da la fuerza para superarlo, la vida en la fe nunca prometió la ausencia de pruebas, sino más bien la presencia constante de Dios en medio de ellas acompañando nuestro camino (Juan 16:33). Y quizás esta es la clave, el secreto no está en la ausencia de la tormenta, sino en la capacidad de mi barco y de mi concentración al escuchar a mi capitán de cómo maniobrar el timón para resistir, aun sabiendo que el inmenso océano es más fuerte que yo.
Es fundamental reconocer que padecer depresión, ansiedad, agorafobia, o algún otra patología como las que tengo no es sinónimo de ser incrédulo o de una simple falta de fe; son padecimientos reales, con factores biológicos y mentales que debemos abordar y aceptar, la propia biblia nos da permiso para sentir y luchar al mostrarnos que grandes siervos de Dios experimentaron profundos abatimientos y en lugar de ser una señal de fracaso espiritual, esta lucha se convierte en la oportunidad para experimentar un golpe de energía de la más pura calidad.
Por eso yo hoy digo que mi fe es un PTG, o para ser más claro algo conocido en psicología como “Crecimiento Post-Traumático”, un hermoso concepto que describe los cambios positivos y profundos que algunas personas experimentan después de vivir una situación altamente estresante o traumática. No se trata solo de “recuperarse”, sino de crecer a partir de la experiencia y es que así es mi fe, ella se ha convertido en el nitro que permite que este PTG explote y obvio no borra mis enfermedades mentales, pero me provee el significado y la fuerza para tolerarlas y manejarlas de una mejor manera, la fe me da un punto de referencia inquebrantable, sabiendo que Dios está cercano a los quebrantados de corazón (Salmo 34:18), y que solo ahí es donde encuentro el sustento que me permite seguir luchando.
No quiero juzgar a los que juzgan, más bien quiero hablar por los que son juzgados, porque entiendo que es precisamente en esta fragilidad que la fuerza de Cristo se manifiesta, mi lucha contra la depresión y la ansiedad se vuelve como la famosa frase estoica que volvió tan popular el escritor Ryan Holiday “El Obstáculo es el Camino”, y vivo orgulloso de vivirla de poder hablar de ella y de convertirla día a día en imágenes que no se cansan de nacer sobre lienzos que de alguna manera se transforman en mi testimonio, permitiendo que mi dolor se resignifique, creando una empatía más profunda con otros que sufren y recordando el porqué estoy aquí, recordando el porqué de mis dones y recordándome sobre todo la esperanza inquebrantable de su fidelidad y restauración final (Romanos 8:28).
En conclusión puedo decir sin filtros que mi fe no me hace invulnerable, me hace resiliente aunque esa palabrita está bastante malgastada en estos tiempos, por lo cual la voy a omitir y más bien diré que me hace PERSISTENTE, mi fe es esa pizca de sal que convierte la receta de una unión de ingredientes que parece que nunca debieron estar juntos en algo divino, porque se amalgaman de una manera tan especial que logran crear un sabor único, nacido de la rareza y la desigualdad, y más que eso me enseña que mi valor no está en una perfección que buscan los demás encontrar en mi para poder justificar a mi fe y validarla dentro de sus estándares, sino que es la fuerza que se revela cuando me agarro de su mano en mi debilidad, como justo ahora, en estos mismos momentos donde paso por el lago oscuro, momentos de niebla, momentos, en los que escribo desde una zona mental tensa, con sensaciones de tristeza que he visto ir y venir, con pensamientos oscuros, pero que en ellos siempre está su señal, siempre está su recuerdo y siempre está su guía, siempre, siempre así, como una pequeña luz intermitente que me sigue mostrando el camino por donde ir, porque mi fe por él es sin duda alguna la herramienta que convierte mi dolor en propósito y estoy orgulloso de ello, son las 9:55 am del 8 de diciembre de 2025…
Kalee Guauta